Resguardo de Derechos

¿Cómo promover el buen trato en educación parvularia?

El buen trato en el primer nivel educativo responde a la necesidad de cuidado, protección, educación y respeto de niños y niñas, en su condición de sujetos de derechos. Educadoras, técnicos, padres, madres y apoderados tienen la responsabilidad de construir ambientes basados en el diálogo, el respeto y la participación que permitan el desarrollo integral de niños y niñas.

El afecto y respeto, entendido como el reconocimiento y valoración del otro, hacia los niños y niñas favorece el desarrollo de las habilidades sociales como empatía, relación afectuosa con sus pares y adultos, y resolución no violenta de conflictos.

Una cultura basada en el buen trato requiere de un trabajo colaborativo, comunicación permanente y efectiva  al interior del establecimiento de Educación Parvularia y, entre éste y las familias.

Con el fin de cautelar la existencia de ambientes de buen trato y el bienestar integral de niños y niñas, la normativa educacional señala que los establecimientos del nivel deben contar con instrumentos que regulen su convivencia, considerando las características propias de la primera infancia.

El establecimiento debe gestionar su convivencia a través de los siguientes instrumentos:

  • Un Reglamento Interno que incorpore los deberes y derechos de la comunidad educativa y las normas sobre convivencia y buen trato.
  • Protocolos de actuación que definan las acciones que debe realizar el establecimiento frente a la detección de situaciones de vulneración de derechos.

El Reglamento Interno y los mecanismos de actuación deben ser coherentes con los valores expresados en el Proyecto Educativo del establecimiento, y conocidos por toda la comunidad, para garantizar y promover el buen trato en el nivel.

  • Contribuyen al sano desarrollo psicológico, físico y moral.
  • Favorecen al bienestar integral y aprendizaje
  • Aportan al desarrollo de la autoestima y conductas pro sociales como el trato afectuoso, la empatía, la solidaridad, el diálogo y la participación en las actividades.

Los equipos de profesionales, técnicos, directivos y todo adulto que interviene en el proceso educativo de un párvulo, deben generar- a través de estrategias de promoción de una buena convivencia y mecanismo de protección–  condiciones para que se desarrollen vínculos sanos, seguros y de confianza en beneficio del bienestar integral y aprendizaje significativo de niños y niñas.

  • Contar con instrumentos normativos que regulen la convivencia y definan el actuar ante situaciones que afecten la integridad física y psicológica de niños y niñas.
  • Implementar mecanismos que permitan resolver pacífica y colaborativamente conflictos entre todos los integrantes del nivel.
  • Generar espacios para orientar y acompañar a la familia respecto a la buena convivencia.
  • Entregar herramientas para detectar oportunamente indicadores de maltrato infantil.
  • Acompañando a niños y niñas en todo su proceso educativo.
  • Cumpliendo el Reglamento Interno y los Protocolos de Actuación.
  • Manteniendo un trato respetuoso hacia los otros.
  • Apoyando el desarrollo socioemocional de los párvulos.
  • Prácticas discriminatorias, tanto en el acceso como en la permanencia, por razones de nacionalidad, origen racial, situación económica, orientación sexual, religiosa, identidad de género, salud y opción política, entre otras.
  • Restricciones a la constitución y participación en los centros de padres y apoderados, y a ser elegido(a) en algún cargo directivo.
  • Medidas disciplinarias dirigidas a niños y niñas.