Hacia una disciplina formativa en nuestras escuelas

05/12/2017 Nacional

Alexis Ramírez Orellana
Superintendente de Educación

La escuela constituye un espacio esencial y privilegiado en la formación integral de niños, niñas y jóvenes para la construcción de una sociedad democrática e inclusiva, en un contexto de mayor acceso a la educación y de expresión de la diversidad sociocultural. Su principal desafío es desarrollar al máximo los potenciales de todos sus estudiantes, atendiendo y valorando sus características, orígenes, motivaciones y necesidades educativas, acordes con las destrezas que el siglo XXI demanda para ejercer a plenitud su ciudadanía.

Para un abordaje efectivo de esta realidad, el desarrollo de habilidades socioemocionales y éticas a lo largo de toda la trayectoria educativa es fundamental. Esto requiere de procesos intencionados y sistemáticos que incidan positivamente en la autoestima y en la motivación por aprender, y que permitan a los estudiantes incorporar progresivamente actitudes y conductas pro sociales, para desenvolverse en un marco de relaciones de buen trato con todos los integrantes de la comunidad educativa.

Como sabemos, este desafío representa una tensión en el sistema escolar, en la medida que no dispongamos de estrategias efectivas que permitan asegurar espacios de convivencia, basados en el respeto, con mecanismos que aborden los conflictos de manera pacífica y como una oportunidad para el aprendizaje.

La disciplina formativa, entendida como un proceso permanente de diálogo reflexivo y aprendizaje, en que los estudiantes van comprendiendo el sentido de las normas de una comunidad y la importancia del respeto y cumplimiento de ellas, juega un rol central en la construcción de una buena convivencia escolar.

La oportunidad de reconocer errores, asumir las consecuencias de los propios actos e incorporar nuevas conductas con la guía apropiada de los adultos, son parte de la formación para una ciudadanía responsable y comprometida con los otros.

Este enfoque permite, además, asegurar la protección y el cuidado necesario para resguardar la integridad física, psicológica y social de todos los estudiantes, sobre la base del respeto a su dignidad. En este sentido, las medidas disciplinarias deben garantizar en todo momento, el justo y racional procedimiento.

Para los equipos directivos y docentes, la disciplina formativa constituye, a su vez, una herramienta y una guía clara en su labor cotidiana, orientada a educar, favorecer la convivencia escolar pacífica y apoyar a los estudiantes en su proceso formativo.