Recomendaciones para proteger la salud emocional de nuestros estudiantes en tiempos de pandemia

La salud emocional y los objetivos educativos están estrechamente relacionados. Cuando los estudiantes gozan de una adecuada salud emocional son capaces de desplegar al máximo sus potencialidades y desarrollarse de manera integral; por el contrario, la presencia de problemas y trastornos de salud emocional pueden afectar profundamente todas las áreas del ámbito académico y bienestar de niños, niñas y jóvenes, impactando directamente en su capacidad de aprendizaje y en su adaptación escolar.

En este sentido, debido a la situación actual que enfrenta el país producto de la pandemia por Covid-19, esta temática toma mayor relevancia. Por tanto, es necesario considerar procedimientos que, por una parte, permitan comprender el problema y sus causas, y por otra, tomar las medidas para resolver y resguardar la integridad de todos quienes conforman las comunidades educativas.

En el marco de la normativa, la Superintendencia de Educación en la Circular que imparte instrucciones sobre Reglamentos Internos de los Establecimientos Educacionales de enseñanza Básica y Media (Resolución Exenta N° 482, de 2018, de la Superintendencia de Educación) señala como una obligación para todos los establecimientos que impartan dichos niveles educativos:

“…los establecimientos deben considerar la ejecución de acciones que fomenten la salud mental y de prevención de conductas suicidas y otras auto-lesivas, vinculadas a la promoción del desarrollo de habilidades protectoras, como el autocontrol, la resolución de problemas y la autoestima, de manera de disminuir los factores de riesgo, como la depresión. De la misma forma, debe definir procedimientos para la derivación de casos de riesgo, a la red de salud, así como también para el adecuado manejo ante situaciones de intento suicida o suicidio de algún miembro de la comunidad educativa”.

Para resguardar y velar por un acompañamiento a los establecimientos educacionales y también a la ciudadanía en general, el Gobierno lanzó en junio de 2020, el programa “SaludableMente”, que tiene por objetivo fortalecer, en los sectores públicos y privados, los tratamientos de salud mental. Esta plataforma contiene diferentes herramientas de orientación, acompañamiento y ayuda para afrontar esta pandemia. Los recursos se pueden encontrar a través de perfiles, donde existe uno específico para niños y adolescentes.

A continuación, compartimos sugerencias entregadas desde el Departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud, para que familias y establecimientos educacionales puedan abordar este tema de acuerdo a la situación particular que vive cada niño, niña y adolescente:

Contrario a lo que muchos pudieran pensar, el cuidado de la salud mental no es privativo de psicólogos, psiquiatras u otros profesionales de la salud mental y salud general. De hecho, se ha demostrado que la escuela es por lejos el mejor lugar donde realizar acciones de cuidado de la salud mental durante la infancia y la adolescencia, ya que en estos espacios se encuentran una parte importante del día y se generan la mayor cantidad de interacciones sociales. En las escuelas se produce un poderoso influjo social, dado por el grupo de pares, los profesores, los asistentes de la educación y todos los miembros de la comunidad educativa.

Podremos visualizar las excelentes oportunidades que existen en las escuelas y liceos para:

  • Promover un ambiente escolar positivo, que cuide de la salud mental de todos sus integrantes (estudiantes, padres, profesores, asistentes de la educación y equipo directivo), e incentive el desarrollo de competencias socioemocionales.
  • Prevenir la aparición de problemas de salud mental, mediante la intervención oportuna que reduzca factores de riesgo y fomente factores de protección.
  • Detectar precozmente a aquellos estudiantes que se encuentran en riesgo o han desarrollado algún problema de salud mental.
  • Apoyar a aquellos y aquellas estudiantes que presentan problemas de salud mental mediante el desarrollo de un plan individual de intervención que atienda a sus necesidades educativas especiales, junto con el trabajo coordinado con el centro de salud o especialista tratante.

Tanto los padres en el hogar, como los profesores y asistentes de la educación en este nuevo escenario de enseñanza y aprendizaje, pueden detectar conductas que indicarían la posible presencia de un problema de salud mental en los niños, niñas y adolescentes, y que hacen necesaria la búsqueda de ayuda profesional.

Algunas de ellas son:

  • Dificultades en el aprendizaje y rendimiento escolar: retraso en aprender a leer y escribir, bajo rendimiento o descenso en las notas, baja atención y concentración, dificultades para entender instrucciones y/o para concluir tareas y actividades.
  • Dificultades en el autocuidado y autonomía (por ejemplo, vestirse y bañarse solo, cuidado de sus pertenencias, evitación de riesgos, etc.)
  • Dificultad para la interacción social y para adaptarse a los cambios.
  • Actividad excesiva, corporal o verbal.
  • Impulsividad excesiva que le lleva a hacer cosas sin reflexionar.
  • Cambios súbitos en la conducta o en las relaciones con sus compañeros, incluidos el aislamiento y la ira.
  • Síntomas físicos recurrentes y de causa desconocida (por ejemplo: dolor de estómago, cefalea, náuseas).
  • Renuencia o negativa a ir a la escuela.
  • Cambios en los hábitos de sueño, alimentación o conductas habituales (ejemplo: aumento o disminución del apetito y/o del sueño, volver a orinarse o chuparse el pulgar).
  • Estado de ánimo triste, abatido, con preocupación, aflicción excesiva, o en demasía fluctuante (por ejemplo: es irritable, se molesta fácilmente, se siente frustrado o deprimido, muestra cambios extremos o rápidos e inesperados del estado de ánimo, explosiones emocionales).
  • Conductas de autoagresión (ejemplo: cortes, rasguños, pellizcos).
  • Conductas regresivas.