Presencialidad educativa: Fortalecimiento de la salud mental y la sana convivencia

La situación de pandemia producto del Covid-19, ha provocado un impacto significativo en la calidad de la educación y en el bienestar integral de niñas, niños y adolescentes, así como en las y los adultos que integran las comunidades educativas a lo largo del país.

La interrupción de las actividades escolares presenciales durante dos años, así como los cambios repentinos en las metodologías de enseñanza a un entorno online o mediante otras estrategias, aunado al distanciamiento social, afectaron el proceso educativo. Resultado de ello, fue el aumento en las brechas de aprendizaje, así como el impacto en el desarrollo socioemocional de niñas, niños y adolescentes, y con ello en la convivencia escolar.

Otras problemáticas no menos significativas que provocó la crisis sanitaria y que se agregan a lo anterior en las familias y comunidad, es la que señalan diversos organismos internacionales como OCDE y Unicef, Unesco, entre otros, los cuales destacan como consecuencia de la pandemia el desempleo, y un incremento de la violencia intrafamiliar y el maltrato, situaciones críticas y dañinas para la salud emocional y mental de la población infantil y juvenil.

En este contexto, el regreso a la presencialidad ha dejado en evidencia que la pandemia por el Covid-19 ha desencadenado en las comunidades educativas, una importante afectación en la salud mental tanto de los estudiantes como de las y los adultos, expresada en una serie de emociones como ansiedad, estrés, incomprensión, frustración, desvinculación emocional, falta de comunicación, situaciones de difícil manejo para los establecimientos, y por supuesto para las familias.

Ante esta problemática diversas instancias han insistido en la necesidad de priorizar y sostener la educación en aula en un primer periodo post pandemia, en un contexto de flexibilización de la jornada escolar, para avanzar en acciones de contención, con la finalidad de abordar la conflictividad y las situaciones de violencia que han ocasionado la prolongada ausencia de socialización y la limitación en la estrategia de enseñanza.

Los establecimientos desde el nivel parvulario a la educación media, tienen una función primordial, en términos de garantizar el desarrollo del bienestar integral de todos los miembros de la comunidad educativa, brindando seguridad, protección y confianza a las niñas, niños y jóvenes, y a sus familias, mediante diversas estrategias multisectoriales, que aborden las necesidades integrales, sociales, emocionales y educativas, con especial énfasis en los contextos más vulnerables.

El espacio escolar presencial ofrece a los estudiantes, desde el nivel parvulario hasta la enseñanza media, la posibilidad de interactuar y compartir, situaciones que beneficien el desarrollo social y emocional, reconstruyen las confianzas, y otorgan las facilidades para que el proceso de enseñanza-aprendizaje se realice en mejores condiciones, a través de ambientes que favorezcan la aplicación de las habilidades básicas, la atención, motivación, aprendizaje, intercambio y trabajo colectivo.

Después de un prolongado período de crisis sanitaria y confinamiento, el compromiso de toda la comunidad educativa con el autocuidado personal y colectivo es fundamental. Por ello, la comunicación entre la familia y el centro educativo es necesaria para poder tomar decisiones adecuadas y rápidas que permitan resguardar la seguridad de todas y todos.

En este sentido Mineduc destaca la importancia que tiene el diálogo y la participación entre todos los actores de la comunidad educativa, señalando que es relevante: “Trabajar con los consejos de profesores, consejos escolares y de educación parvularia, centros de madres, padres y apoderados, centros de estudiantes y con las asociaciones gremiales, para identificar los temas de preocupación de estos primeros días de clases y buscar abordarlos en conjunto”.

La invitación de la nueva institucionalidad es que cada comunidad educativa ponga al centro la construcción de vínculos y el reencuentro, destacando la relevancia de “realizar la mayor cantidad de actividades posibles al aire libre, no solo por la prevención de Covid-19 sino porque niños, niñas y adolescentes necesitan espacios de expresión, exploración y movimiento para potenciar su bienestar socioemocional y la salud física”.

  • Promoviendo habilidades socioemocionales.
  • Actuando de manera preventiva y formativa.
  • Educando con el ejemplo.
  • Motivando la resolución colaborativa de conflictos.
  • Aplicando medidas disciplinarias formativas.
  • Brindando afecto, comprensión y reconocimiento para favorecer la autoestima de los estudiantes.

La Circular N°482, de 2018, sobre Reglamentos Internos, señala que se debe considerar la ejecución de acciones que fomenten la salud mental y de prevención de conductas suicidas y auto-lesivas, vinculadas a la promoción del desarrollo de habilidades protectoras, como el autocontrol, la resolución de problemas y la autoestima, de manera de disminuir los factores de riesgo, como la depresión.

Es importante mencionar que estas acciones se pueden integrar en el Plan de Gestión de Convivencia Escolar.

Plan de Gestión de Convivencia Escolar

La Ley General de Educación indica que los establecimientos educacionales con Reconocimiento Oficial, deben contar con un “Plan de Gestión de Convivencia Escolar”, cuyo propósito es orientar a las comunidades educativas en el desarrollo de estrategias para promover el buen trato, el respeto, y prevenir cualquier tipo de manifestación de violencia entre sus integrantes.

Sugerimos actualizar el Plan de Gestión de Convivencia Escolar a la contingencia mediante las siguientes estrategias:

  • Fomentar actividades que promuevan el autocuidado de estudiantes, docentes y apoderados.
  • Potenciar las instancias de gestión colaborativa de conflictos.
  • Consultar con las redes de apoyo, las instancias de ayuda psicosocial para las personas que pueden estar más afectadas en su salud mental (CESFAM, Municipalidad, OPD, programa Habilidades para la Vida, entre otras).
  • Tener definidos en el Reglamento Interno, los procedimientos para la derivación a la red de salud mental en casos de riesgo.
  • Utilizar alguna de las herramientas propuestas por el Mineduc dentro del Plan Nacional de Convivencia Escolar y Aprendizaje Socioemocional.
  • Otras acciones que los proyectos educativos puedan contemplar para el beneficio de la salud mental de sus integrantes.